Caminaba sobre la arena roja de Marte. A lo lejos, el Monte Olimpo destacaba sobre el paisaje. Extrañamente, los objetos se doblaban como los relojes blandos de Dalí, tal vez porque acababa de devorarme el libro de Taschen sobre Dalí.
Como sea, no estaba sola.
- ¿No crees que es tiempo de volver a casa?
- ¿Donde es eso, Ray?- pregunté al hombre de gabardina que caminaba conmigo , que decía que hasta en el escribir hay zen. El mismo que ha incendiado mentes con su Farenheit, el mismísimo Ray Bradbury.
- Es donde te sientes a gusto.
Renegar de todo y de todos no me ha hecho bien. La persistencia de la memoria es tan frágil como la delgada capa de hielo que cubría unas flores de aspecto mas animal que vegetal.
- Tal vez no soy tan buena. Tal vez, solo es una trampa para pensar que puedo hacerlo.
- Yo no estoy de acuerdo- Interrumpió una voz a mis espaldas.
¡Dr. Asimov!
- Puedes llamarme Isaac- me sonrió con todo y sus patillas, con todo y su genio, y yo pensé en lo inspirada que me sentí despues de leer "Early Asimov".
- Pues haz algo con ese sentimiento antes que desaparezca.- y sonrió de nuevo.
Solo tengo fantasías locas, alucinaciones extraterrestres, deseos perversos.
-Pues sácalos antes de que te manden otro año al psiquiatra.
Y los dos hombres sonrieron con complicidad.
Un minuto después, desperté.
Tuesday, January 03, 2006
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