Antes de empezar, debería decir que esta nada grata confesión estaba en el tintero desde hace dos días, pero veo con horror mi incapacidad actual de poder permanecer sentada un período mayor a 10 minutos, por lo que procederé con dolorosa, humillante sinceridad a la mayor velocidad posible, antes de resbalarme por la silla y acabar en el suelo.
No recuerdo cuando fue la última vez que me sentí tan mal, literalmente no siento mis piernas de medio muslo hacia abajo, mis brazos no tienen fuerza, mi mente se debate entre la perplejidad y el cansancio, y naturalmente, soy incapaz de dormir por mas de cuatro horas seguidas. Sin embargo, el agotamiento que experimento, es extremo, a pesar de un notable esfuerzo por seguir adelante, mi cuerpo me traiciona un poco mas dia a día, lo peor de todo es que no puedo decir que he tocado fondo, porque siento que estoy peor. Los dolores de cabeza han dado paso a noches de insoportable insomnio, angustia y ansiedad, mis extremidades reducidas a polvo de gelatina, deshidratado, y con notable disgusto me ví las bolsas abajo de los ojos, que no desaparecen a pesar de las dos escasas horas de siesta que tomé a mediodía y los dos antifaces de gel helado que me puse hace un rato.
Con todo , tuve la osadía de irme a la Comer, y todo porque aquí no hay ni agua de beber, sin contar que una horda de gatos hambrientos reclamaron lo suyo a eso de las 7 p.m.
Resultó mas arriesgado que un viaje a Belice en estos días y adverti muy disgustada la necesidad de comprar un celular: si me desmayaba en pleno pasillo de libros, mi ángel guardián no iba a enterarse a menos que alguien me identificara por medio del botón en mi ombligo (notablemente delgado de unos días hacia acá, creo que he bajado entre uno a tres kilos), así que olvidando que no tengo jabón exótico, me fui lo mas velozmente posible a las cajas, deseosa de llegar a casa y tirar la bolsita de catnip para que los gatunos me dejen sola por lo menos dos minutos. No solo eso, también pense´que sus consejos acerca de bañarme sentada en una silla resultaban adecuados en este momento. Aunque le agradezco su preocupación, públicamente la eximo de la pesada promesa que le hizo a mi madre de cuidarme. Ya tiene suficientes problemas para acarrearle otro mas (I mean it, Marisa).
La tristeza, viva y de todos colores, me invade cada paso, al grado de que he llegado a golpear las paredes del baño, a terminar hecha un ovillo en la cama (puesto que no siento las piernas, y que he bajado, y del constante nudo en el estómago, soy capaz de hacerlo). Siento que no soy capaz de seguir adelante, y sin embargo, tengo que hacerlo, no solo por los compromisos que tengo, también por todo lo que necesito y deseo, desde los libros que me hacen falta, hasta otros placeres mas mundanos como un litro de helado. Que dicho sea de paso, sería un éxito mantenerlo en el estómago mas de dos horas...
como terapia, mi médico-bruja me sugirió que escribiera , pero "nada de historias tristes", a lo qeu deseo protestar, por el momento, solo deseo poder escribir, sea feliz, triste o cómico, tan solo quisiera tener la energía y la capacidad de escribir, cosa que evidentemente, veo que no se puede. Así , solito, surgió el capítulo que probablemente sea el penúltimo en la cronología de El Septimo círculo, y en medio del dolor y el aniquilamiento de mi cuerpo, pensé en mitad de la noche, agobiada por los sueños en 3 D de mi cansada mente que no se desconecta nunca, en el título, que es mas o menos el mismo que la entrada de hoy. Mas bien "Las cenizas que quedan de mi", que será la visión íntima y horriblemente vívida de la muerte de Leonor. El tono general ya está resuelto, espero poder terminarlo hoy mismo, llorarlo ahora mismo e intentar dormir a continuación.
Todo con gran acompañamiento de música adecuada y hasta sensaciones reales, como si se tratara de un film de cine sensible. Es curioso como el shock no me permite sentir por momentos, me siento vacía como un huevo Fabergé, y un momento después, las emociones me invaden y es imposible escapar.
Lo sentí claramente apenas llegue al super, era incapaz de dar un paso mas, así que me pregunté si era sensato haber ido. Por supuesto, no. Pero ya estaba ahí, asi que me repetí Devil may care, y con horror, me dí cuenta de que no me sabía la canción de modo correcto, también pensé que la casa está sucia y que no tengo las fuerzas para limpiarla, y me sentí avergonzada de permitirle a mi cuerpo hacerme jugadas tan sucias.
Sin embargo, en mis fantasías oníricas me llegó el alucine completo del principio y final de un cuento corto que implica utilizar (y burlar) las leyes de la robótica de Asimov. Todo esto con un conocimiento escaso de dichas leyes, y sin haber leído un relato clásico de la talla de Liar! o The naked Sun (el cual recuerdo muy de pasada, de mis años tempranos, como mencioné anteriormente...no recuerdo donde....).
¿Asustada? No, aterrorizada, paralizada e indefensa.
Odio sentirme tan desvalida.
Yo no soy así, no soy sombra de lo que fuí...
Reducida a las cenizas, de nuevo...
Supongo que renaceré de ellas, de una manera u otra...
Sunday, June 25, 2006
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