


Amo a Robert Goren. Es cierto, como dijo en cierta ocasión es un "gusto adquirido", puesto que a veces es demasiado agresivo en los interrogatorios, pero su extraordinaria habilidad para hacer confesar a los criminales me deja atónita.
Amo todo en el, desde su estatura hasta su sonrisa , pasando de sus manotas a su conocimiento enciclopédico de todo.
Es cierto también que tiene la terrible sospecha de ser hijo de un asesino serial , que su madre sufrió de esquizofrenia (una sombra que lo atormenta de vez en cuando) y que su hermano es algo así como un vagabundo. Pero ese lado sensible y hasta tierno, incluso vulnerable, lo que provoca a las víctimas confiar en él, contrastando con su agudeza y su implacable interrogatorio, es frecuente que los criminales pierdan el control y confiesen gracias a la manera en penetra en sus mentes.
Siempre he dicho que me gustan los hombres inteligentes, pero este es un caso muy especial.
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